lunes, 9 de enero de 2017

LAS COMPETENCIAS EN LA NORMATIVA

El enfoque competencial de la enseñanza viene dado ya en el año 2006 con la implantación de la LOE, así como en el RD 1513/2006 de 7 de diciembre. Andalucía lo concreta en el 2007 (Artículo 6.2 del Decreto 230 de 31 de julio). Actualmente, la ya conocida LOMCE, el Decreto 97/2015 de 3 de marzo y la Orden de 17 de marzo de 2015 desarrollan las competencias clave en el ámbito educativo.

Más de una década de aplicación de las competencias y todavía son muchas las dudas que aparecen. En un primer momento debido a que por una parte estaba todo el desarrollo curricular y, al final, aparecían las competencias con las que debíamos evaluar. Sería el propio centro el que debía diseñar un proyecto en el que se incluyeran indicadores para llevarlas a cabo. 

Quizás porque había un desconocimiento en este sentido, de manera general no se desarrollaron proyectos que tuvieran en cuenta dichas competencias y es entonces cuando, con la LOMCE, en Andalucía se desarrollan los indicadores de evaluación. Cuyo cometido, con más o menos acierto, es diseñar actividades y evaluación de acuerdo a una metodología competencial. Sea o no esto así, en un artículo anterior expongo una propuesta de tratamiento de indicadores para huir de una "educación estandarizada".

El sentido de este artículo es dar una visión de cómo la actual normativa educativa trata las competencias y dar respuesta a muchos de los obstáculos que se argumentan cuando hay reticencias o dificultades para incluirlas en el día a día.



TRABAJAR CON INDICADORES DE EVALUACIÓN

Los INDICADORES DE EVALUACIÓN vienen citados en la Orden de 17 de marzo de 2015 sobre desarrollo del currículum en Andalucía. Se explican como concreción y secuenciación de los estándares de aprendizaje evaluables a final de Etapa, complementándolos con procesos y contextos de aplicación. La integración de estos elementos en diversas actividades y tareas genera competencias y contribuye al logro de los objetivos propuestos.




La gran controversia creada en torno a la aplicación de los estándares está justificada por ser muy numerosos (imposible aplicarlos) y por otorgar una rigidez en el diseño que no facilita el contextualizar o adaptar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Desde el diseño que se propone desde los indicadores podemos tratarlos de forma que tengan una aplicación real y práctica adecuada al contexto y alumnado en el que nos movamos.

Partimos de la base de que no podemos alcanzarlos todos y que no podemos aplicarlos siempre de manera literal, por lo que eliminaríamos el "estrés curricular" que nos provoca el "querer darlo todo a toda costa", eliminando uno de los obstáculos que se argumentan para trabajar por competencias. Se puede dar un enfoque competencial desde pequeñas actividades del día a día. La crítica a la normativa no puede ser un freno a una mejora, no puede ser "el seguir haciendo lo mismo de siempre".



Con esta propuesta para tratar los indicadores, que deben derivar de los criterios de evaluación, se pretende NO ESTANDARIZAR LA EDUCACIÓN, dando a todos lo mismo y sí trabajar a favor de las características del alumnado que tratemos, del entorno, de lo que se persiga que asimilen... Siempre respetando que el enfoque sea competencial y no mediante contenidos aislados sin aplicación ni significatividad. Como dice la citada Orden en su artículo 4:

"El objeto central de la práctica educativa es que el alumnado alcance el máximo desarrollo de sus capacidades y o el de adquirir de forma aislada los contenidos de las áreas, ya que estos son un elemento del currículum que sirve de instrumento para facilitar el aprendizaje"








Por último, se facilita un enfoque formativo y criterial de la evaluación, dotando al indicador de niveles de adquisición y, por tanto, la posibilidad de plantear ejercicios, actividades y tareas más acordes con la situación real del alumnado siendo capaces de identificar el progreso de su aprendizaje (y el docente de diseñar la enseñanza).