domingo, 24 de febrero de 2013

"MAMÁ,PAPÁ.. ¡PREGÚNTAME!, A VER SI ME LO SÉ"


Es frecuente ver cómo un niño, tras haber estudiado, le dice al padre o a la madre: “Pregúntame”. Los padres, cogen el libro y comprueban si el niño les dice (tal y como allí lo pone) qué es un animal vertebrado, cuál es la definición de oración, qué es la propiedad distributiva, qué son palabras parónimas…etc.

 Con ello, quizás, no se esté comprobando si se lo saben o no. Lo que de manera objetiva  se está comprobando es si lo repiten memorísticamente. Esto tiene un riesgo: si se repite tal cual lo pone el libro puede ser que sólo parezca que se lo sabe, no hay retroalimentación. Lo reproduce de manera exacta pero no sabemos si lo entiende, si lo sabe aplicar, si lo podría decir con otras palabras, si hay palabras que no comprenda…etc.

 Pongamos que lo repite tal cual sin ningún error. Si al día siguiente es cuando le preguntan, lo “suelta” y perfecto (si la memoria a corto plazo funciona): una buena nota y a otra cosa (pero, ¿lo ha aprendido?).

 Ahora pongamos que al día siguiente no se lo preguntan. Si la repetición memorística la ha hecho sin entender, probablemente el día que le pregunten cambie palabras o suprima algunas, con lo que no tendrá sentido lo que responde (y tampoco se ha dado cuenta de ello, que es lo grave). Más todavía; ¿y si en clase se pregunta “con otras palabras” o se fomenta que apliquen lo aprendido produciendo más que reproduciendo?

 Tenemos con todo esto dos situaciones a resolver: una el estudio en casa (ya tratado aquí) y otra sobre qué pedimos desde el colegio (también tratado en diferentes artículos sobre evaluación y competencias). Si fomentamos la reproducción, la memoria semántica, el alumno se prepara para ello y en casa también.

 Está bien que sepan explicar, definir…etc. pero siempre sabiendo qué dicen. Para ello habría que seleccionar la información, organizarla, razonarla…etc. para ser capaz de explicarla y, por lo tanto, saber cuándo aplicarla. En clase tenemos que promover técnicas de estudio, de razonamiento, de autorregulación... sin pensar que eso es perder el tiempo. Y en casa habría que trabajar de igual forma sin miedo a que el no llevar algo por no entenderlo es sinónimo de mala nota; hay que enseñar a los padres a cómo deben trabajar desde casa.

 Recogido de “La magia de escribir”  (José Antonio Marina y Marina de Válgoma, 2010) cito a algunos lingüistas importantes como Lázaro Carreter o Emilio Alarcos cuando dicen que “Enseñar lengua es enseñar a usar la lengua” (importante la dimensión práctica), o Castellá explicando que “ninguna gramática es adecuada para la enseñanza si se convierte en sí misma en centro del aprendizaje”. Este pensamiento lo pone en práctica  el periodista Álex Grijelmo cuando comenta que ningún adolescente puede amar la lengua si lo que se promueve es que se aprenda que “El complemento predicativo es un sintagma adjetivo que complementa a los verbos predicativos y concuerda en género y número con el sintagma verbal”. Siendo claro, diría que esto no sirve para nada si a la hora de escribir (producir) no es capaz de hacerlo de forma coherente.

 Como siempre, es una reflexión con espíritu de mejora.

 

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